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Gentrificación en Cuenca: entre la memoria patrimonial y la presión del mercado

Cuenca es, desde hace décadas, un laboratorio urbano donde conviven dos fuerzas en tensión: una poderosa identidad patrimonial —reconocida por la UNESCO desde 1999— y un mercado inmobiliario crecientemente volcado a la renta turística y a la inversión de alto poder adquisitivo. El resultado empieza a sentirse en el bolsillo, en el uso del suelo y, sobre todo, en la vida cotidiana de quienes siempre han habitado sus barrios céntricos.




Señales que ya no se pueden ignorar


La evidencia se acumula. Por un lado, Cuenca registra la Canasta Familiar Básica más cara del país (USD 861,46 en julio de 2025), un indicador que expresa con crudeza el encarecimiento del costo de vida urbano. Por otro, la expansión del alquiler temporal ha sido sostenida: una investigación universitaria contabilizó 3.136 anuncios activos de Airbnb hasta 2024, concentrados en el Centro Histórico, con 205 nuevos solo en 2024.


A estas tendencias se suman síntomas sociales reconocibles: pérdida de residentes en centralidades históricas, mayor presión sobre los arriendos y el surgimiento de una ciudad donde hay más viviendas que hogares —signo de un parque habitacional usado como activo financiero antes que como lugar para vivir.


Cuenca “aún está a tiempo”, pero necesita un pacto urbano que reconozca que el patrimonio es, ante todo, derecho a habitar con dignidad.

El arquitecto y exconcejal Ecuador Álvarez sostiene que la gentrificación “no es reciente, sino un proceso incubado por más de 30 años” y que “el Centro Histórico se ha ido vaciando por múltiples causas” (entre ellas, el cambio de uso residencial a comercial y la preferencia por el arriendo turístico).


Desde la academia, Pedro Jiménez Pacheco advierte sobre la financiarización del suelo y sus efectos: “se construyen casas no para ser habitadas, sino como activos de inversión”. La consecuencia es una ciudad aparente, fotogénica, pero menos vivible para su población original.


Estos diagnósticos dialogan con trabajos recientes que estudian patrones de gentrificación y turistificación en Cuenca, así como sus raíces financieras y transnacionales.


¿Qué está empujando el cambio?


  1. Turistificación y alquileres de corta estancia. La rentabilidad del alquiler temporal desplaza oferta del alquiler residencial y presiona los precios de arriendo.

  2. Capital externo y expectativas de renta. El arribo de jubilados extranjeros, remesas y la percepción de seguridad alimentan la compra de inmuebles como inversión, más que como vivienda principal.

  3. Políticas públicas desbordadas. La planificación física no alcanzó a sostener el tejido social: faltaron instrumentos para asegurar permanencia residencial en áreas patrimoniales y regular la conversión masiva a usos turísticos


Si no se gobierna este proceso, el encarecimiento de la vida urbana, la pérdida de mezcla social y la monocultura turística podrían consolidarse en el Centro Histórico y áreas aledañas. Esto no solo erosiona la memoria del lugar, también compromete la competitividad urbana al convertir la ciudad en un producto volátil, más vulnerable a ciclos económicos y shocks del turismo.


¿Qué se puede hacer? Un marco de acción local


Regulación del alquiler de corta estancia (registro, límites por zona, cupos por edificio, exigencias de convivencia y tributos específicos), priorizando el equilibrio con el alquiler residencial.


Política de arriendos y vivienda asequible en centralidades: incentivos fiscales y normativos para vivienda de alquiler de largo plazo; alquiler social en predios públicos; convenios con cooperativas y operadores sin fines de lucro. (Propuesta alineada con recomendaciones locales de fortalecer el suelo público y la gestión social del hábitat).


Gestión del suelo y captura de plusvalías para reinvertir en permanencia residencial (mejoras barriales, rehabilitación habitacional y control de precios de arriendo en proyectos con incentivos públicos).


Observatorio urbano de vivienda y turismo con datos abiertos (ocupación, anuncios, rotación, precios, densidades), para decisiones basadas en evidencia y auditoría ciudadana.


Plan de usos del suelo “pospatrimonial”: el patrimonio como soporte de vida local (comercio de proximidad, escuelas, equipamientos), no solo como escenografía de consumo.

Una decisión de ciudad


Cuenca “aún está a tiempo”, pero necesita un pacto urbano que reconozca que el patrimonio es, ante todo, derecho a habitar con dignidad. Gobernar la gentrificación no significa frenar toda inversión, sino encauzarla para que el desarrollo no se traduzca en expulsión. Ese es el verdadero sentido de una ciudad patrimonial en el siglo XXI.


Te preguntamos a ti: ¿Qué valoramos más como ciudad: atraer inversión y turismo o garantizar que quienes le dan vida a nuestros barrios puedan seguir habitándolos?


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